Secciones

lunes, 24 de abril de 2017

Palabras gastadas


Algunas palabras después de un tiempo se gastan, sobre todo si se usan mucho y mal. Y esto pasa con muchos términos que proceden del ámbito de la psicología y la salud.



Hace años un profesor que tuve en la universidad, experto en autismo, nos contaba lo mucho que le molestaba que se utilizara el término autista para tratar de describir, a menudo descalificar, a alguien con pocas habilidades sociales. Nos explicaba que los que hablan de esta manera no son conscientes del daño que hacen a los familiares de personas con el mencionado trastorno. Sería algo equivalente -esto lo digo yo- a decirle a alguien: ¡celíaco!, tratando de ofenderle porque un día no quiere comer pan. Vamos, una cosa absurda.

Pues ya licenciada, y todavía muchos años después, yo seguía escuchando a mi alrededor comentarios como: “¿Qué pasa? Nunca me llamas… ¡¿Eres un poco autista o qué?!”, hasta que un día la palabra autista pasó de moda, o no sé, tal vez se gastó como tantas otras que vinieron después: bulímico/a, anoréxica/o, hiperactivo/a, etc. Nadie estaba libre de recibir alguna de estas denominaciones si comía demasiado, estaba delgado o tenía un comportamiento movido. Pero daba igual, a medida que se iban usando estas palabras, se iban gastando, iban perdiendo su significado y aparecían otras de las que abusar.

Hace poco una persona me contó que su jefe es un poco bipolar, que tiene una amiga borderline, y que su novio, al que supongo que quiere mucho, tiene un toc (trastorno obsesivo-compulsivo). Yo me mordía la lengua, cansada de su voraz etiquetaje, porque yo también fui una niña rara. Suerte que esta palabra con el tiempo dejó atrás su sentido peyorativo para pasar a ser un atributo muy guay. Lo malo es que dejé de ser rara cuando llegó este momento. Ahora tengo la desgracia de ser normal.

Raro/a es otra palabra que, de tanto usarse, estuvo a punto de extinguirse, pero la salvaron otras como especial y diferente, y durante un tiempo era muy común escuchar: “el chico no es raro; es especial”, y de tanto repetir la frase, a puntito estuvimos de echar a perder una palabra tan exclusiva.

Otras palabras que tuvieron su momento de gloria fueron: depresión, ansiedad y maniaco compulsión. El que más y el que menos tenía algo de esto, y así nos fuimos despachando a gusto, a costa de mentar trastornos mentales y emocionales, y trivializar con cuestiones muy serias.

La palabra que me parece que está de moda ahora es tóxica. ¿Quién no tiene a una persona tóxica al lado? De hecho, el volumen de personas tóxicas es tan creciente en estos días que la que no lo era seguro que ya está intoxicada. ¡Sálvese quien pueda!

Me pregunto de dónde viene esta costumbre de utilizar y reutilzar sin sentido todas estas palabras que describen síndromes hasta que dejan de tener valor en el habla popular. En psicología, a algo parecido se le llama ecolalia, pero por favor, que nadie la ponga de moda. Sería una pena gastarla. Como esta, no tenemos muchas otras...