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sábado, 18 de febrero de 2017

¿Te arrepientes?

«¿Te arrepientes de algo?». He escuchado esta pregunta muchas veces en mi vida. No me la hacían a mí. Se la hacían a un cantante, a un político, a una escritora, a una actriz,… en una entrevista televisiva o en la prensa. La respuesta casi siempre es la misma: «No me arrepiento de nada. De todo se aprende».

A mí, cuando era jovencita, me parecía una respuesta positiva e inteligente. Está muy bien sacar el lado bueno de cualquier situación que nos presente la vida. Pero, con unos años más y después de analizarla con calma, creo que esta respuesta es incongruente.


¿No te arrepientes de nada? De verdad, si volvieras a nacer, ¿no harías nada diferente? ¿No cambiarías ni un minuto de tu vida? Si la respuesta sigue siendo «no», entonces no dejas espacio al aprendizaje. Porque, ¿qué sentido tiene cambiar algo si nada te mueve a hacerlo?

Vamos a sincerarnos. Si aprendemos de nuestros errores es porque nos gustaría no haber fallado y habríamos preferido comportarnos de otra forma y obtener otros resultados. Esto se llama arrepentimiento y el arrepentimiento es un sentimiento tan digno y humano como la alegría. No tiene ningún sentido ocultarlo, pues es un motor para el cambio.

Y no digo que haya que recrearse en nuestra aflicción. Sentirse repetidamente mal no conduce a nada, pero ignorar un sentimiento negativo no hace que desaparezca. Sin embargo, detectarlo, identificarlo y aprender a manejarlo para convertirlo en algo útil es una oportunidad de crecimiento personal. La forma de empezar a hacerlo es llamarlo por su nombre.

Por eso, al arrepentimiento hay que darle el lugar que se merece, hay que mirarlo a la cara y hay que decirle: «Voy a convertirte en algo bueno. Voy a aprender». Y no, no pasa nada si digo que me arrepiento. ¿Quién no lo ha hecho?