Secciones

viernes, 10 de febrero de 2017

¿Por qué no es bueno trabajar gratis?

El otro día una amiga me dijo que conocía a una persona interesada en tener clases conmigo y que le iba a dar mis datos de contacto. Como es lógico, yo se lo agradecí y seguidamente le pedí detalles sobre esta persona en cuestión. Apenas me había dicho cuatro cosas sobre ella cuando añadió a su discurso algo como: “Bueno, la primera clase se la das gratis, ¿verdad?”. A lo que yo respondí rotunda con un simple no.

Ante la cara de asombro de mi amiga, quise reducir el momento de tensión preguntándole: “¿gratis?, ¿por qué?” a lo que ella me contestó: “porque todo el mundo lo hace”.

A mi amiga no le faltaba razón. Si haces una búsqueda en internet de profesores de idiomas en general y de español en particular, encontrarás rápidamente tropeles de empresas y personas ofreciendo primeras clases gratuitas, descuentos desorbitados a partir de la quinta clase, combos de clases con materiales a precios irriosorios y demás ofertas de mercadillo de saldos.

Mi pregunta es: ¿por qué?















¿A cuento de qué hay profesores trabajando gratis? ¿En qué están pensando estas empresas o profesores privados cuando ofrecen un trabajo de enseñanza sin una remuneración acorde?, ¿enseñan por amor al arte y luego juegan a la lotería para intentar completar su sueldo? ¿Por qué hacen esto?

Imagino que las personas que utilizan estas prácticas tratan de captar clientes sin darse cuenta de que están devaluando su trabajo y están devaluando su profesión.

¿Alguien se imagina decirle a un médico privado: “oiga, usted me atiende gratis la primera vez y luego, si me gusta, a la segunda ya le pago”? O, aún más denigrante, ¿a alguien se le pasaría por la cabeza contratar a alguien para que limpie su casa y decirle: “mira, la primera hora no la vas a cobrar, y luego a partir de la quinta, tu hora baja de precio”?

Seguro que tu respuesta a las dos preguntas anteriores es tan rotunda como el no que le di a mi amiga.

Por más que lo pienso, no encuentro una explicación lógica a esta tendencia. Primero, porque el cliente que paga una primera clase con un profesor desconocido no va a desembolsar miles de euros por esa clase. No está comprando un coche o una casa para toda la vida.

Habitualmente, arriesgamos muchísimo más dinero cuando reservamos un hotel, compramos un vuelo o encargamos ropa por internet, y nadie pide una muestra gratis.

Si consultamos internet podemos ver que el rango de precio por hora de un profesor de idiomas puede ir desde 9 euros (cuidadito con estos profesores) hasta 40 euros. El abanico es amplio pero ninguna de las cantidades que contiene me parece que puede justificar una hora gratis o un descuento por acumulación de clases.

Por otra parte, si observamos las ofertas de trabajo para los profesores de idiomas (en este caso de español) los requisitos mínimos suelen ser: ser nativo del idioma, poseer una licenciatura o grado y contar con un curso presencial de especialización en la enseñanza del español. Estos son 3 requisitos básicos. A partir de aquí, las exigencias pueden seguir aumentando: máster en enseñanza de ELE, graduado solo en Filología Hispánica, experiencia de 3 años, ser bilingüe de otra lengua, manejar las TICs, etc.

Conozco muchas profesiones en las que, cumpliendo uno solo de estos 3 requisitos, se podría empezar a trabajar sin problema.

Entonces, ¿por qué alguien que ha dedicado tiempo, esfuerzo y dinero en desarrollarse profesionalmente dentro de un área, decide regalar su tiempo?

Algunas posibles respuestas son:
  • El que realiza estas prácticas no se ha parado a pensar en lo que está haciendo
  • O tal vez no se considera suficientemente bueno como para encontrar su hueco en el mercado sin acudir a estas estratagemas
  • No valora su profesión
  • Realmente no ha dedicado ningún esfuerzo en llegar a ser profesor de una lengua y le parece justo malvender su trabajo

La primera herramienta de marketing de un profesor de idiomas para conseguir estudiantes debería ser su trabajo y los resultados obtenidos. Si el profesor es bueno, los alumnos estarán contentos y el trabajo llegará.

Si el profesor está empezando (todos hemos pasado por ello) es bueno ser honesto y ofrecer un precio acorde con la formación y experiencia, pero nunca será aconsejable regalar clases. No se le hace bien a la profesión y mucho menos a uno mismo, porque una clase gratis puede captar un cliente, pero no tiene porqué fidelizarlo.

Piénsalo en primera persona, si tuvieras necesidad o interés en aprender un idioma nuevo: ¿lo harías con un profesor del que solo sabes que te va a regalar la primera clase o que va a hacerte un precio especial después de la quinta?