Secciones

sábado, 25 de febrero de 2017

4 claves para impartir clases on-line con éxito


Incluso si tienes mucha experiencia dando clases en persona, seguro que intuyes que dar clases de idiomas a través de internet tiene su complejidad y requiere preparación.

En particular, yo he detectado cuatro aspectos especialmente importantes para impartir clases on-line y obtener los resultados deseados. Estas 4 claves son los pasos previos antes de iniciar las sesiones

Por supuesto, hay otros aspectos a tener en cuenta durante el desarrollo de la clase y tras su finalización pero en este caso, vamos a empezar por la fase previa. Eso sí, el orden de las cuatro claves no es necesariamente el siguiente.



1.- Prueba la tecnología (y lo que no es tecnología)


Igual que si vas a clase, te aseguras de que hay pizarra y rotuladores que pintan bien o confirmas que cuentas con un sistema audiovisual que funciona (si es que vas a usar uno), cuando vas a dar una clase on-line debes asegurarte de que el medio con el que vas a trabajar no te va a dejar en la estacada.

Para esto, antes de la clase debes probar la tecnología con la que vayas a trabajar, y no me refiero únicamente a la velocidad de tu conexión, al rendimiento de tu ordenador o al volumen de los altavoces o auriculares, también debes asegurarte de que cualquier web que necesites utilizar, funciona correctamente. Bien sea para compartir contenidos con tu estudiante (DropBox, Google Drive, etc.) como para hacer uso de webs, vídeos, foros, etc.

Lo que te recomiendo es que hagas un listado previo sobre todo lo que debe funcionar antes de iniciar la clase. Si además, puedes hacer una prueba con tu estudiante (y de paso aprovechas para hacerle un pequeño test oral de nivel), sabrás enseguida si todo está preparado para echar a andar.


2.- Acuerda las condiciones


Este paso es especialmente importante si no quieres vivir una situación desagradable. Incluso si se trata del amigo de algún conocido, es conveniente fijar las condiciones de las clases y llegar a un acuerdo sobre estas.

En este punto debes pensar bien: cuánto tiempo dura la clase, qué vas a cobrar, qué incluye el precio de la clase (por ejemplo, ¿incluirá correcciones de textos o ejercicios entre sesión y sesión?), cuándo debe ser pagada y a través de qué medio.

Yo te recomiendo que esta parte la dejes por escrito y que te asegures de que tu alumno la comprende. Si es necesario, envíasela en español y en inglés.

3.- Prepara un buen material


Para que la clase tenga éxito y además nos resulte mucho más fácil implementarla, es muy recomendable trabajar con material de calidad que conozcas muy bien. Si eres autor/a del mismo, todavía mejor.

Este punto es, sin duda, uno de los aspectos que puede diferenciarte de tu competencia, y aunque al principio te quite mucho tiempo para otras cosas, a la larga habrá merecido la pena. Todo lo que hagas hoy podrás reutilizarlo más tarde.

4.- Utiliza un test de necesidades


Si tuviera que proponer un orden sobre estas cuatro claves, probablemente diría que esto es lo primero que hay que hacer: conocer al alumno que vas a tener al otro lado de la pantalla, antes siquiera de haber intercambiado dos palabras.

Para esto es bueno redactar un test con las preguntas necesarias para conocer las necesidades de tu alumno, sus objetivos, sus fortalezas, sus carencias, qué temas le interesan y cuáles no, etc. Intenta que no sea demasiado largo, ni difícil de completar. Se trata de obtener la información necesaria para facilitar tu tarea como profesor, adaptarte a tu estudiante y acercarte a sus objetivos. No olvides que al final, estos son los mismos que los tuyos.

Y después de todo esto, no olvides:

"El espíritu humano debe prevalecer sobre la tecnología"
Albert Einstein

sábado, 18 de febrero de 2017

¿Te arrepientes?

«¿Te arrepientes de algo?». He escuchado esta pregunta muchas veces en mi vida. No me la hacían a mí. Se la hacían a un cantante, a un político, a una escritora, a una actriz,… en una entrevista televisiva o en la prensa. La respuesta casi siempre es la misma: «No me arrepiento de nada. De todo se aprende».

A mí, cuando era jovencita, me parecía una respuesta positiva e inteligente. Está muy bien sacar el lado bueno de cualquier situación que nos presente la vida. Pero, con unos años más y después de analizarla con calma, creo que esta respuesta es incongruente.


¿No te arrepientes de nada? De verdad, si volvieras a nacer, ¿no harías nada diferente? ¿No cambiarías ni un minuto de tu vida? Si la respuesta sigue siendo «no», entonces no dejas espacio al aprendizaje. Porque, ¿qué sentido tiene cambiar algo si nada te mueve a hacerlo?

Vamos a sincerarnos. Si aprendemos de nuestros errores es porque nos gustaría no haber fallado y habríamos preferido comportarnos de otra forma y obtener otros resultados. Esto se llama arrepentimiento y el arrepentimiento es un sentimiento tan digno y humano como la alegría. No tiene ningún sentido ocultarlo, pues es un motor para el cambio.

Y no digo que haya que recrearse en nuestra aflicción. Sentirse repetidamente mal no conduce a nada, pero ignorar un sentimiento negativo no hace que desaparezca. Sin embargo, detectarlo, identificarlo y aprender a manejarlo para convertirlo en algo útil es una oportunidad de crecimiento personal. La forma de empezar a hacerlo es llamarlo por su nombre.

Por eso, al arrepentimiento hay que darle el lugar que se merece, hay que mirarlo a la cara y hay que decirle: «Voy a convertirte en algo bueno. Voy a aprender». Y no, no pasa nada si digo que me arrepiento. ¿Quién no lo ha hecho?

viernes, 10 de febrero de 2017

¿Por qué no es bueno trabajar gratis?

El otro día una amiga me dijo que conocía a una persona interesada en tener clases conmigo y que le iba a dar mis datos de contacto. Como es lógico, yo se lo agradecí y seguidamente le pedí detalles sobre esta persona en cuestión. Apenas me había dicho cuatro cosas sobre ella cuando añadió a su discurso algo como: “Bueno, la primera clase se la das gratis, ¿verdad?”. A lo que yo respondí rotunda con un simple no.

Ante la cara de asombro de mi amiga, quise reducir el momento de tensión preguntándole: “¿gratis?, ¿por qué?” a lo que ella me contestó: “porque todo el mundo lo hace”.

A mi amiga no le faltaba razón. Si haces una búsqueda en internet de profesores de idiomas en general y de español en particular, encontrarás rápidamente tropeles de empresas y personas ofreciendo primeras clases gratuitas, descuentos desorbitados a partir de la quinta clase, combos de clases con materiales a precios irriosorios y demás ofertas de mercadillo de saldos.

Mi pregunta es: ¿por qué?















¿A cuento de qué hay profesores trabajando gratis? ¿En qué están pensando estas empresas o profesores privados cuando ofrecen un trabajo de enseñanza sin una remuneración acorde?, ¿enseñan por amor al arte y luego juegan a la lotería para intentar completar su sueldo? ¿Por qué hacen esto?

Imagino que las personas que utilizan estas prácticas tratan de captar clientes sin darse cuenta de que están devaluando su trabajo y están devaluando su profesión.

¿Alguien se imagina decirle a un médico privado: “oiga, usted me atiende gratis la primera vez y luego, si me gusta, a la segunda ya le pago”? O, aún más denigrante, ¿a alguien se le pasaría por la cabeza contratar a alguien para que limpie su casa y decirle: “mira, la primera hora no la vas a cobrar, y luego a partir de la quinta, tu hora baja de precio”?

Seguro que tu respuesta a las dos preguntas anteriores es tan rotunda como el no que le di a mi amiga.

Por más que lo pienso, no encuentro una explicación lógica a esta tendencia. Primero, porque el cliente que paga una primera clase con un profesor desconocido no va a desembolsar miles de euros por esa clase. No está comprando un coche o una casa para toda la vida.

Habitualmente, arriesgamos muchísimo más dinero cuando reservamos un hotel, compramos un vuelo o encargamos ropa por internet, y nadie pide una muestra gratis.

Si consultamos internet podemos ver que el rango de precio por hora de un profesor de idiomas puede ir desde 9 euros (cuidadito con estos profesores) hasta 40 euros. El abanico es amplio pero ninguna de las cantidades que contiene me parece que puede justificar una hora gratis o un descuento por acumulación de clases.

Por otra parte, si observamos las ofertas de trabajo para los profesores de idiomas (en este caso de español) los requisitos mínimos suelen ser: ser nativo del idioma, poseer una licenciatura o grado y contar con un curso presencial de especialización en la enseñanza del español. Estos son 3 requisitos básicos. A partir de aquí, las exigencias pueden seguir aumentando: máster en enseñanza de ELE, graduado solo en Filología Hispánica, experiencia de 3 años, ser bilingüe de otra lengua, manejar las TICs, etc.

Conozco muchas profesiones en las que, cumpliendo uno solo de estos 3 requisitos, se podría empezar a trabajar sin problema.

Entonces, ¿por qué alguien que ha dedicado tiempo, esfuerzo y dinero en desarrollarse profesionalmente dentro de un área, decide regalar su tiempo?

Algunas posibles respuestas son:
  • El que realiza estas prácticas no se ha parado a pensar en lo que está haciendo
  • O tal vez no se considera suficientemente bueno como para encontrar su hueco en el mercado sin acudir a estas estratagemas
  • No valora su profesión
  • Realmente no ha dedicado ningún esfuerzo en llegar a ser profesor de una lengua y le parece justo malvender su trabajo

La primera herramienta de marketing de un profesor de idiomas para conseguir estudiantes debería ser su trabajo y los resultados obtenidos. Si el profesor es bueno, los alumnos estarán contentos y el trabajo llegará.

Si el profesor está empezando (todos hemos pasado por ello) es bueno ser honesto y ofrecer un precio acorde con la formación y experiencia, pero nunca será aconsejable regalar clases. No se le hace bien a la profesión y mucho menos a uno mismo, porque una clase gratis puede captar un cliente, pero no tiene porqué fidelizarlo.

Piénsalo en primera persona, si tuvieras necesidad o interés en aprender un idioma nuevo: ¿lo harías con un profesor del que solo sabes que te va a regalar la primera clase o que va a hacerte un precio especial después de la quinta?

martes, 7 de febrero de 2017

4 claves para comunicar errores sin causar desmotivación

Motivar es mover a la acción, y normalmente cuando queremos motivar a alguien pretendemos hacerlo en una dirección positiva, de esfuerzo, de trabajo o de aprendizaje. Hay muchas maneras de motivar a una persona, pero probablemente la que más peso tiene es la que se acomete por medio de la palabra.

Tanto a los profesores como a aquellos que tienen un equipo a su cargo nos interesa que las personas con las que trabajamos se sientan con ánimo, energía y con la seguridad de poder alcanzar sus metas, que también suelen ser las nuestras. Pero en ocasiones tenemos la necesidad de comunicar errores para que sean solucionados y en este punto nos encontramos ante la línea que separa la motivación de la desmotivación.

¿Cómo podemos comunicar un fallo sin provocar una bajada en el entusiasmo de nuestro interlocutor? Aunque la respuesta va a depender de muchos aspectos y algunos de ellos escapan a nuestro control (por ejemplo: una baja autoestima en nuestro interlocutor) respetando los siguientes 4 aspectos básicos, nuestro éxito en la comunicación de errores está casi garantizado.



Utiliza siempre un lenguaje positivo con una entonación adecuada

Un lenguaje positivo es aquel que contiene:

  •      Afirmaciones en lugar de negaciones: "Lo puedes hacer mejor", en vez de "no está bien"
  •      Palabras con carga emocional positiva: "El camino del éxito es..." y no "es una chapuza..."
  •      Preguntas en lugar de órdenes: "¿Se podría hacer así?" y no "hazlo así"

En cuanto a la entonación, cualquier información puede comunicarse de muchas formas por muy básico que sea su contenido. Refiriéndonos al mismo hecho podríamos decir:

    "Está lloviendo"
    "Qué bien que está lloviendo"
    "Otra vez lloviendo..."

Además de cambiar la estructura de estas oraciones también podríamos modificar su entonación. El resultado de las posibles combinaciones es amplio. Por ejemplo, podríamos decir "está lloviendo" con un tono neutro, o tal vez con ironía, pero también podríamos declarar "otra vez lloviendo" con alegría o con desesperación.

Las tres frases del ejemplo anterior tienen como objetivo comunicar un fenómeno meteorológico. Las tres formas son bastante parecidas y sin embargo podemos apreciar intenciones muy diferentes en función de la entonación que apliquemos. Por eso, cuando queramos comunicar un error, debemos cuidar la forma y la entonación. Ambas deben ser coherentes y positivas.

Pon la solución en las manos de tu oyente

Si trabajas con adultos, trátalos como tales. No conozco a nadie a quien le guste que le digan lo que tiene que hacer. Y cuando encuentro a alguien que está esperando a que le expliquen cómo desarrollar su trabajo, normalmente es porque no tiene o no ha tenido un buen jefe. Si quieres ser un buen jefe, responsabiliza y cede autonomía a las personas con las que trabajas. A la larga, te beneficiarás de ello.

La persona que comete un error es la persona que debe corregirlo. Si no sabe cómo hacerlo, está bien que pida ayuda y que reciba orientación, pero debe ser el responsable último de la corrección de su fallo.

De lo contrario, ¿qué pasa cuando una persona corrige el error de otra? Si corriges un fallo que tú no has cometido, lo más seguro es que pasen dos cosas:

  • Eliminarás una buena oportunidad de aprendizaje
  • Enviarás un mensaje muy negativo a tu colega o alumno que podría minar su autoestima, porque, ¿acaso no es capaz de hacerlo por sí mismo/a? 

Cualquiera de estas dos consecuencias podrían provocar una caída en la motivación.

Emplea el tiempo justo en la comunicación del error

Esta idea puede parecer una perogrullada, ¿lo es?

¿Qué pensarías si vas al médico por un dolor de cabeza y te dice que no es nada importante pero dedica 20 minutos a darte explicaciones sobre lo que te está pasando? ¿No terminarías por pensar que hay algo más que no te está contando? ¿Por qué tanto interés en un simple dolor de cabeza?

¿Y si fuera al revés? ¿Y si tuvieras un problema de salud muy importante y tu médico apenas dedicara tiempo a darte una explicación sobre lo que te sucede? ¿Qué pensarías de él? ¿Qué pensarías de tu problema?

Dedicarle el tiempo adecuado a la comunicación de un error puede ayudar a transmitir información de mucha utilidad que no debemos ignorar.

Elige el modo y lugar adecuados para comunicar el error

Especialmente, cuando estamos hablando de faltas graves es importante considerar la posibilidad de comunicarlas en persona y en privado.

En muchos contextos podríamos usar el fallo de una persona como situación de aprendizaje para otras. Pero, si lo que tenemos delante es un problema importante, es preferible hacer esta comunicación personalmente y sin testigos innecesarios. Si no lo hacemos así, podemos provocar un sentimiento de humillación que acabará desembocando en falta de confianza hacia nuestra persona.

¿Quién querría tener un jefe que te humilla? y ¿quién iría a trabajar con motivación si tuviera un jefe así?