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lunes, 20 de noviembre de 2017

Qué caracteriza a los estudiantes de empresa. Artículo en Linkedin



Como profesora de español en empresas, el análisis del tipo de alumnos que tengo y de sus necesidades es algo que me interesa y que hago regularmente.

Recientemente, en la plataforma de Linkedin he publicado un artículo que guarda relación con este tema: ¿qué es lo que caracteriza al estudiante de empresa?, que os quiero invitar a leer.

A aquellos profesores que quieran aportar su propia visión, les agradezco sus comentarios en esta entrada o en el original, enlazado arriba.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Cómo meterte donde no te llaman o cómo matar a un perro a las bravas

De un tiempo a esta parte “pobrecito” es la palabra más escuchada por mis oídos de aquí a la luna. “Pobrecito” es la que escucho de frente, “cruel” y “egoísta” son las que escucho por detrás.


Resulta que tengo un perro o como dicen algunos: un chucho. Posiblemente es un mestizo de podenco con labrador. A mí me gusta decir algo que aprendí hace poco: “Es un perro de raza única”, y a mucha honra.

Mi perro se llama Ender, tiene 15 años. Lo sacamos de una perrera municipal cuando él tenía un año y pico. Su fecha de sacrificio ya estaba escrita. Ya no era un tierno cachorro sino que era un saquito de huesos que olía mal y tenía las orejas desparejadas. El veterinario de la perrera nos dijo: “si nunca habéis tenido perro, no os llevéis a este. Es hiperactivo”, y lo era, claro que lo era, pero me importó un pimiento. Ya me había enamorado de él.

Pues sí, Ender no era un perro movido, no; era un rabo de lagartija, un potrillo desbocado, una tormenta eléctrica,… Pero en poco tiempo se convirtió en parte de mi familia. Lo acepté como era, me aceptó como soy. ¡A ver qué humano hace eso!

Ender se llama así por el personaje de un libro. Su nombre hace justicia a su actitud y fortaleza ante la vida. Él solito terminó con una Leishmaniashis, enfermedad que puede ser mortal y que le diagnosticaron durante muchos años hasta que un buen día dejó de dar positivo a ella sin haber recibido tratamiento (porque no lo había). Con ayuda médica se liquidó una enfermedad autoinmune que parecía no tener fin, acabó con otra de tipo oftalmológico que teóricamente era crónica y tiene a raya un cáncer para el que desde hace un año ya no puede recibir tratamiento (y me he saltado unas cuantas cositas más). Haciendo honor a su nombre, a veces tengo la impresión de que a Ender no le terminan; Ender termina.

Lo cierto es que Ender está muy mayor, se mueve con dificultad, camina despacio, se tropieza en ocasiones y se cae al suelo también. A veces lo levanto, a veces se levanta, otras aprovecha la caída y se echa una siesta allí donde sus huesecillos hayan ido a parar (para chulo, él). En casa nos da la plasta mientras comemos, nos pide caricias, se da paseos, come con gusto, se cuela en la cocina cuando hay trajín, huye de la gata (que le tiene frito), pide salir a la calle, olisquea, cotillea y, por supuesto, duerme mucho.

A pasear le sacamos con pañales para no molestar a los vecinos, porque tenemos que cruzar un patio comunitario y si se hace pipí ahí, en el cemento, aunque lo limpiemos con agua, lejía y jabón, a algunos les molesta. Así que Ender anda por la calle así: con su pañal, a su ritmo y con sus tropiezos, pero con su interés hacia otros perros, sus ganas de olfatear manchas en el suelo y de curiosear a las personas que llevan cosas en las manos (no vaya a ser que alguna lleve algo de comida para él).

Depende de cómo veamos que se encuentra, le paseamos más o menos veces o llegamos más o menos lejos. Hay días que no podemos salir del patio comunitario: nos damos un paseíto, tal vez él se echa una siestecilla y retomamos el camino para volver a casa.

Salgamos o no salgamos del patio es raro el día que no escucho: “pobrecito”, “¿qué le pasa?”, “¿por qué lo tenéis así?” , “¿no os da pena?”. Hoy me han dicho que le hagamos “un favor”… y yo me muerdo la lengua para no contestar lo que pienso. Pero claro, no siempre tengo el día ni las ganas de controlarme y a veces acabo soltando algún improperio, pero nunca lo suelto todo. Y por eso escribo aquí esta reflexión, este mensaje, esta llamada de atención para aquellos que a diario se acercan a llamarme cruel y egoísta:

Querido/a vecino/a metomentodo.

Si tuvieras un familiar mayor, con dificultades de movilidad pero con ganas de vivir y poder hacerlo gracias a tu ayuda… ¿lo matarías o lo ayudarías a seguir viviendo?

Y si vieras a una persona mayor, andando con dificultad, tal vez con un bastón, ¿te dirigirías a ella constantemente a decirle: “oh, pobrecita”, como si su vida ya no mereciera la pena?

Dime, ¿por qué la respuesta a esas preguntas tiene que ser diferente si hablamos de un perro?

Por favor, no seas tan cabestro/a, ten un poco de empatía y respeto, y no se te ocurra pensar ni por un solo segundo que sientes más dolor por mi más fiel y mejor amigo del que siento yo misma. Mientras él quiera y no sufra, él estará aquí con nosotros.

Si te molesta la visión de un perro viejo que anda lento, se tropieza y lleva pañales; te aguantas, no es un delito.

Un día tú serás mayor y me apuesto lo que quieras a que te gustaría tener a alguien que te cuide como yo cuido a Ender.

Por favor:

  • Deja de darme tu opinión. No te la he pedido.
  • Deja de juzgarme. No tienes derecho.
  • Y deja de cotillear a mi costa. No tienes toda la información. Y desde luego, tú no eres yo, cosa que seguro que Ender agradece.

jueves, 18 de mayo de 2017

¿Hablas español o castellano?

Hace ya bastantes años en una clase de grupo, mientras mantenía una conversación con mis alumnos, uno de ellos intervino para decirme de una forma muy enérgica que para referirme a nuestras clases no debía usar el término español sino castellano. Estupefacta por su seguridad e incomodada por su corrección, le pregunté porqué decía eso, y entonces me contó una confusa historia sobre el origen del español.



Pasado aquel trance con elegancia, lo cierto es que de una forma menos brusca, cada cierto tiempo sigo reviviendo una situación similar. Esto es, un alumno me medio reprueba que diga clases de español y no de castellano. Mi pregunta siempre es la misma y la respuesta casi también. Me he dado cuenta de que, el que más y el que menos tiene cerca a algún español que, no bien informado, cuenta batallitas entrañables (lo digo con cariño) a mis alumnos extranjeros.

Vale. Es cierto. Todos sabemos que el castellano es esa lengua románica que nació en Castilla, cuando España no existía como tal. Pero eso es una cosa y decir que yo no hablo o no enseño español es otra.

Así que, para aclarar algunos conceptos, me he animado a escribir lo que sigue. Por favor, que me perdonen las mentes románticas que ven en la palabra castellano un bastión por el que luchar.

Para empezar, diré que no es incorrecto referirse al castellano como la lengua hablada en España y en algunos países Latinoamericanos, pero la propia RAE recomienda el uso de la palabra español en este contexto. Es decir, cuando estamos hablando del español como lengua internacional (frente a otras lenguas como el inglés, el alemán, etc.), para evitar equívocos no deberíamos utilizar la palabra castellano. ¿Acaso has escuchado a algún ecuatoriano o a algún andaluz decir que habla castellano? Ambos hablan español, con variedades dialectales diferentes.

Un contexto distinto es aquel en el que queremos identificar las 4 lenguas oficiales que se hablan en España: catalán, gallego, eusquera y castellano. En este caso, podemos decir que el castellano es la lengua común hablada dentro del territorio español. Yo diría que es incluso respetuoso decirlo así porque el gallego, el eusquera o el catalán nos pertenecen tanto como el castellano y todos se hablan en España. Así pues, no creo que sea incorrecto decir que todas son lenguas españolas.

Aclarado todo esto, siento si alguien ve algún fantasma en el uso de la palabra español para referirse al segundo idioma más hablado del mundo. Las palabras no hacen daño, el uso que hacemos de ellas sí puede hacerlo.

Por las razones anteriores, aquí va mi petición, para que nadie que trate con extranjeros reniegue del nombre de la lengua que hablamos más de cuatrocientos millones de personas en el mundo. No es castellano, es español.

viernes, 5 de mayo de 2017

El lenguaje de los youtubers

Me encanta Youtube. Me parece una fuente inagotable de conocimiento en la que un gran número de personas comparte contenido de gran valor. Gracias a esta plataforma puedes aprender sobre casi cualquier cosa. A mí, por ejemplo, me gusta mucho ver vídeos sobre: emprendimiento, psicología, cocina, deporte, salud, belleza, decoración, etc. La lista es larga.

A menudo veo vídeos para actualizar mi inglés, pero a veces no sé si esto tiene sentido. Ya escucho mucho inglés en los canales de los youtubers españoles


Los youtubers son esas personas que trabajan como: creadores de contenidos, presentadores, editores, iluminadores, promotores, etc. Lo digo en serio, es una profesión para valientes, para gente que se quiere dejar la piel y que, si le va bien, a cambio puede llegar a obtener un gran reconocimiento no falto de haters. Porque eso sí, nadie se libra de ellos. Los haters están al acecho para despotricar contra los youtubers y hacerlos sentir mal. Son su Némesis, la cara oscura de esta nueva profesión. Para ser youtuber hay que estar dispuesto a lidiar con esto.

Como decía, me gusta Youtube y a diario veo vídeos curiosos o didácticos, o las dos cosas a la vez. Tengo ya bastante experiencia en esto del visionado, así que solo necesito unos segundos para saber si el que está al otro lado de la pantalla y lo que va a decir me van a gustar. Porque, para ser realista, no todos los youtubers son igual de buenos ni mucho menos. Y aunque un nivel alto de suscriptores puede ser una buena señal, no siempre es el mejor índice para valorar si merece la pena ver lo que publican. Al fin y al cabo, cada cual tiene sus fortalezas y a algunos se les da mejor el marketing que el desarrollo del contenido.

Sean buenos, malos o regulares, lo que he visto es que si eres youtuber casi es obligatorio usar anglicismos. Creo que si hubiera unos estudios para ejercer esta profesión (todo se andará), una asignatura sería: Anglicismos. Y como decía aquel, lo digo sin acritud, pues es solo un hecho que constato. Ya os contaba antes que estoy poniendo al día mi inglés, y ahora os cuento las palabras nuevas que he aprendido:

(Que ningún traductor me tome en serio, por favor)

  • Hater: Los mencioné antes. Son los malos del mundo Youtube. Están ahí para, dicho finamente, molestar. Lo mejor es ignorarlos.
  • Random: Aunque la traducción literal es aleatorio/a, a mí me parece que es la palabra que usan cuando quieren decir popurrí o van a hablar de algo que se sale del tema principal.
  • Live: Ya casi es un clásico. Se usa para hablar de una emisión en directo, sin edición.
  • Unboxing: Muy habitual en canales de belleza y moda. Normalmente el/la youtuber de turno desempaca un pedido que ha realizado y lo va describiendo sobre la marcha.
  • Story time: Estas palabras las usan los que ya tienen un buen nivel de inglés, y normalmente lo hacen de una forma correcta (a mi entender). Lo que no sé es porqué no usan palabras como:  historia, cuento, anécdota,…
  • Haul: Reconozco que antes de Youtube no había escuchado esta palabra en mi vida. Según wordreference, como verbo significa tirar, pero los youtubers la usan cuando van a contarte el montón de cosas que se han comprando no sé dónde. Aquí cabe mencionar que muchos de ellos se ganan la vida comprando cosas y comentando cómo les ha ido con ellas.
  • Fail: Error, fallo, fracaso,… Huyo de esta palabra. Si te gusta ver caídas, destrozos, descuidos,  gente haciéndose daño, etc. simplemente busca fail.
  • Tag: Esta, como la mayoría, es otra palabra que no se usa de forma literal. Suele aparecer en vídeos en los que se va a tratar un tema, por ejemplo: “tag despidos”. Es una palabra cuyo uso, ya sea en español o en inglés, veo innecesario. Para mí es como decir: “voy a hablar del tema cactus” en vez de “voy a hablar de cactus”, pero tal vez no la estoy entendiendo bien…
  • ¡Influencers!: La escribo con signos de admiración porque es el no va más. No hay otro igual.  No solo aparece en Youtube. Este anglicismo está en todas partes y creo que ya no necesita traducción.

Y todavía he aprendido muchas más, pero creo que este listado ya puede servirnos de guía y de punto de partida para una reflexión: ¿Se nos está quedando corto el español?

lunes, 24 de abril de 2017

Palabras gastadas


Algunas palabras después de un tiempo se gastan, sobre todo si se usan mucho y mal. Y esto pasa con muchos términos que proceden del ámbito de la psicología y la salud.



Hace años un profesor que tuve en la universidad, experto en autismo, nos contaba lo mucho que le molestaba que se utilizara el término autista para tratar de describir, a menudo descalificar, a alguien con pocas habilidades sociales. Nos explicaba que los que hablan de esta manera no son conscientes del daño que hacen a los familiares de personas con el mencionado trastorno. Sería algo equivalente -esto lo digo yo- a decirle a alguien: ¡celíaco!, tratando de ofenderle porque un día no quiere comer pan. Vamos, una cosa absurda.

Pues ya licenciada, y todavía muchos años después, yo seguía escuchando a mi alrededor comentarios como: “¿Qué pasa? Nunca me llamas… ¡¿Eres un poco autista o qué?!”, hasta que un día la palabra autista pasó de moda, o no sé, tal vez se gastó como tantas otras que vinieron después: bulímico/a, anoréxica/o, hiperactivo/a, etc. Nadie estaba libre de recibir alguna de estas denominaciones si comía demasiado, estaba delgado o tenía un comportamiento movido. Pero daba igual, a medida que se iban usando estas palabras, se iban gastando, iban perdiendo su significado y aparecían otras de las que abusar.

Hace poco una persona me contó que su jefe es un poco bipolar, que tiene una amiga borderline, y que su novio, al que supongo que quiere mucho, tiene un toc (trastorno obsesivo-compulsivo). Yo me mordía la lengua, cansada de su voraz etiquetaje, porque yo también fui una niña rara. Suerte que esta palabra con el tiempo dejó atrás su sentido peyorativo para pasar a ser un atributo muy guay. Lo malo es que dejé de ser rara cuando llegó este momento. Ahora tengo la desgracia de ser normal.

Raro/a es otra palabra que, de tanto usarse, estuvo a punto de extinguirse, pero la salvaron otras como especial y diferente, y durante un tiempo era muy común escuchar: “el chico no es raro; es especial”, y de tanto repetir la frase, a puntito estuvimos de echar a perder una palabra tan exclusiva.

Otras palabras que tuvieron su momento de gloria fueron: depresión, ansiedad y maniaco compulsión. El que más y el que menos tenía algo de esto, y así nos fuimos despachando a gusto, a costa de mentar trastornos mentales y emocionales, y trivializar con cuestiones muy serias.

La palabra que me parece que está de moda ahora es tóxica. ¿Quién no tiene a una persona tóxica al lado? De hecho, el volumen de personas tóxicas es tan creciente en estos días que la que no lo era seguro que ya está intoxicada. ¡Sálvese quien pueda!

Me pregunto de dónde viene esta costumbre de utilizar y reutilzar sin sentido todas estas palabras que describen síndromes hasta que dejan de tener valor en el habla popular. En psicología, a algo parecido se le llama ecolalia, pero por favor, que nadie la ponga de moda. Sería una pena gastarla. Como esta, no tenemos muchas otras...


jueves, 6 de abril de 2017

Una herramienta de organización revolucionaria

Hoy quiero hablar de una herramienta revolucionaria que puedes adquirir en cualquier parte del mundo. Como muchas otras, el día que empiezas a usarla se te hace un poco cuesta arriba, casi no entiendes su utilidad pero la usas porque te sientes obligado/a. Sin embargo con su frecuente utilización vas descubriendo que tiene muchísimas ventajas que no puedes ignorar:

  • No se cuelga
  • Siempre, sin excepción, reproduce toda la información que anotas en ella
  • Ni su uso, ni su acceso dependen de la batería de tu móvil
  • Todos saben usarla
  • Puedes compartirla siempre que quieras
  • Puedes elegir cualquier idioma para relacionarte con ella
  • A no ser que te la sustraigan, ningún error ajeno a ti puede hacerla desaparecer
  • Es totalmente personalizable
  • Usarla en exceso no irrita tus ojos, ni te marea, ni te provoca insomnio
  • Huele bien 


Por si a alguien se le escapa, estoy hablando del cuaderno, ese objeto de uso cotidiano durante nuestra infancia que arrinconamos cuando nos hacemos mayores. Y claro, las nuevas tecnologías no ayudan…

¿Cuánto tiempo llevas sin escribir con las manos? 

Hace tres años un alumno mío, mayorcete, se sorprendía de su mala caligrafía y se justificaba diciendo: “es que no escribo desde que salí de la universidad”. Yo le contesté: “Pues es una suerte, porque ahora ya no escriben ni en la universidad. Todos van con sus portátiles”.

Pero que quede claro; no repruebo el uso de las nuevas tecnologías. Lo que pasa es que me entristece la soledad del cuaderno, del cuaderno en general, de los cuadernos ajenos, porque eso sí, mis cuadernos tienen vida hasta la última página y en ellos escribo y garabateo de todo. No los dejo morir ni cuando los termino porque, si creo que en ellos hay algo interesante, los pongo en la estantería acompañando a sus primos hermanos, los libros.

Lo sé, ocupan espacio, el mismo espacio que trastos y bártulos en el trastero o en la habitación de al lado, pero decidimos desterrarlos y no darles ni la dignidad de ser usados un par de días seguidos. Para eso están el móvil y el ordenador, con los que puedes organizar, clasificar y guardar documentos digitales fácilmente. Pero acaso, ¿sabes dónde están mis primeros archivos creados en Word? ¡Claro que no! Yo tampoco ;-)


miércoles, 29 de marzo de 2017

La discriminación por razón de edad

Me escribió una chica el otro día porque quería que le diera clase. Quería saber si yo tenía disponibilidad y si mi tarifa encajaba con su presupuesto. Me comentó que ya tenía una profesora pero que no le convencía. Según decía, tenía la impresión de estar aprendiendo muy lentamente, y aunque yo sentí curiosidad por conocer la razón de su descontento, no quise entrar en tan delicada materia y preferí limitarme a darle la información que me pedía.

Le parecí cara; me lo dijo sin tapujos, e intentó arañar un descuento. Se lo negué y le expliqué porqué. Aún así, me insistió en que le ayudara a buscar otro/a profesor/a. Yo quise escucharla; nunca se sabe… tal vez podría ayudarla de alguna forma, pero entonces expresó su primer requisito: “que tenga mi edad, para hablar con ella de mis cosas y pasarlo bien”. La combinación “que tenga mi edad” y “pasarlo bien” me repateó un poquito el hígado, no voy a mentir. Enseguida pensé: “de buena me he librado…”




Superado el malestar que me generó la idea de que algunos jóvenes próximos a la treintena crean que alguien de 40 no puede hablar con ellos de “sus cosas”, ni es alguien con quien puedan “pasarlo bien”, me acordé de Mink.

A Mink le doy clases desde hace más de dos años. Muchos dirían que ya no necesita aprender más, pero su modesto objetivo es “hablar igual que un español”. Cuando lo dice me hace gracia. Intento bajarle los pies a la tierra para que no se dé de bruces (yo sé lo que me digo), pero al mismo tiempo trato de motivarlo para que siga mejorando. La verdad es que me fascina su ambición y su disciplina. Es un modelo a seguir.

Mink habla conmigo de lo divino y lo humano. Me cuenta y le escucho, le explico y me escucha, se corrige y le corrijo, aprende y aprendo con él. Por cierto, no lo he dicho: Mink tiene 18 años.

De vez en cuando a Mink le gusta tener clase mientras merendamos. A veces, incluso compartimos un batido, unas tortitas, o cualquier cosa que nos parezca demasiado calórica como para tomárnosla individualmente. Sabe que podría ser su madre, cosa que seguramente piensan los que nos ven tomando algo juntos en una mesa con bolis, libros y cuadernos, pero a él le da igual. Hasta bromea con ello.

En una ocasión, una camarera me trajo la cuenta de la merienda a mí (como es de costumbre) y yo, cansada de este gesto que por otro lado encuentro lógico, le dije a la chica bromeando con tono de enfado: “Hoy paga él, no voy a invitarle a más meriendas”, a lo que él contestó: “¡Mala madre!”. De inmediato nos echamos a reír los dos, y seguidamente le pedí disculpas a la camarera que, todavía perpleja, no sabía qué estaba pasando.

Podría escribir 1000 páginas sobre Mink y aún no lo escribiría todo. Llegó a Madrid con un pobre: “Hola, me llama Mink”, y ahora me cuenta su vida. Aún me hace muchas preguntas, titubea con palabras, se queda bloqueado eligiendo algún tiempo verbal, está peleado con la erre y hace tiempo decidió sesear el sonido de la ce porque “es un sonido ridículo”. Es imposible no reírse con él. Es imposible decirle que no a una clase.

Y ahora vuelvo a la chica de arriba, a la casi treintañera, la que tiene una profesora que no le gusta aunque no sabe muy bien decir porqué y quiere cambiarla por otra de su edad, más barata, para pasárselo bien. No puedo evitarlo; me desconciertan sus argumentos…

Entre Mink y la chica casi hay 10 años de diferencia, los mismos que me separan a mí de ella. ¿De dónde salió Mink? ¿De dónde salió ella? ¿Cómo se creo este abismo? No tengo la respuesta.

Lo que ahora sé es que por desgracia el edadismo o la discriminación por razón de edad empieza a asomar la cabeza en algunas profesiones como la mía y me asusta. Me da miedo. Donde antes la experiencia y la sapiencia que te dan los años eran valores remarcables, ahora llega la juventud como valor supremo porque es más… ¿divertida?

Suerte que existe Mink, y gracias a él no pierdo la esperanza en su generación, y confío en que la sociedad nos regale a muchos otros como él. ¡Gracias, Mink!

lunes, 20 de marzo de 2017

Lo que no se dice de los autónomos porque engancha

En mi último post hablé sobre muchas de las creencias que se tienen sobre los trabajadores autónomos. En unos casos intenté desmontar mitos y en otros, matizar algunas ideas, como aquella que señala que este tipo de profesional no tiene jefes o que decide cuándo tomar sus vacaciones. Explicaba que todo esto es bastante relativo.

Aún así, terminé mi escrito señalando que, efectivamente trabajar por cuenta propia tiene ventajas que es justo mencionar, especialmente porque son estas las características que a mi parecer, hacen muy interesante ser autónomo.



  • Intervienes activamente en tu desarrollo profesional
  • Intervienes activamente en el desarrollo de tu negocio
  • Eliges a tus clientes y colaboradores
  • Puedes aprovechar tus “ciclos de energía”
  • El aumento de tus ingresos depende de ti

Intervienes activamente en tu desarrollo profesional


Es posiblemente la ventaja que más me satisface. Como autónomo/a es mucho más fácil dibujar la senda profesional sobre la que quieres caminar. Puedes cambiar de proyecto con mucha más facilidad, introducir nuevas formas de trabajar, modificar tu área de acción, etc.  Son aspectos que dependen de ti y que no necesitan la aprobación de ningún superior.

Para explicarlo de una forma más concreta, como profesora de español, si quisiera, podría decidir trabajar con adolescentes utilizando una metodología concreta o dedicarme al diseño de materiales para clases de idiomas o impartir clases on-line. Cuando trabajas para otros te atienes a lo que te encargan hacer y no puedes abrir nuevas vías de acción solo porque te apetezca.

Intervienes activamente en el desarrollo de tu negocio


Esta ventaja está ligada a la anterior. Del mismo modo que puedes proyectar tu futuro profesional eligiendo el camino que quieres seguir, puedes hacer lo mismo con tu negocio a otros niveles y tomar decisiones de tipo económico, estratégico, etc., siguiendo tu propio criterio. Por ejemplo, puedes decidir contratar a otro autónomo, trabajar de forma intensiva 3 días en semana o cualquier otra cosa que se te ocurra, sin pedir permiso.

Eliges a tus clientes y colaboradores


Aunque no siempre es posible ser selectivo (y a veces tampoco es recomendable), lo cierto es que siendo autónomo/a puedes elegir con quién trabajas, qué clientes aceptas o quiénes son tus colaboradores. Es algo que, una vez más, no puedes imponer cuando trabajas para otros.

Puedes aprovechar tus “ciclos de energía”


Otro de los aspectos más interesantes de trabajar para ti mismo/a es la posibilidad de modificar tu ritmo de trabajo en función de lo que yo llamo: los ciclos de energía. Ni nos sentimos las 24 horas del día igual, ni somos igual de eficaces en todo momento. Y nadie mejor que una/o misma/o sabe en qué momento se encuentra.

Así que, excepto los horarios de trabajo que no dependen exclusivamente de nosotros (por ejemplo, en mi caso serían las horas en las que estoy impartiendo clases), en buena medida, el resto del tiempo puede ser invertido en diferentes tareas, según nuestras necesidades. Volviendo a los ejemplos prácticos, siempre que puedo, cuando llegan los últimos días del mes hago las facturas por la mañana, pues es un tipo de actividad que realizo mejor con la cabeza despejada. Sin embargo, si tengo que escribir, prefiero la tarde. Por alguna razón me resulta más inspiradora. 

El aumento de tus ingresos depende de ti


Obviamente esta, como otras ventajas, no dependen al 100% exclusivamente de ti, pero si eres autónoma/o tu disposición a trabajar más o menos seguramente repercuta en tu “nómina” a final de mes y todo lo que ganes será para ti.

Cuando estamos empleados por cuenta ajena, si bien cada cual acepta las condiciones de su contrato al iniciar la relación laboral, rara vez puede decidir cuándo disfrutar de un incremento salarial y, mucho menos, en qué proporción.

Sin embargo, aunque al profesional autónomo podrían influirle circunstancias ajenas como la situación del mercado o padecer una enfermedad que le impida trabajar unos días, normalmente dispone de más estrategias para aumentar sus ingresos que un asalariado (trabajar más horas, incrementar precios, reducir costes, etc.).

Y estas son, según mi criterio, las ventajas (realmente) interesantes de trabajar como profesional autónomo.

domingo, 12 de marzo de 2017

Lo que no se sabe de los autónomos

Ayer me contaba una conocida que está harta de su situación profesional. Desde que entró en el mercado laboral ha tenido más de 10 trabajos en áreas muy diferentes, y en casi todos se ha sentido explotada. De hecho, en la mayoría de los casos fue ella quien dejó su puesto de forma voluntaria, (con crisis económica y de empleo de por medio), porque no se sentía a gusto.

Ante esta situación de malestar, me explicó que está pensando en hacerse autónoma para no tener jefes. Así, en abstracto. En realidad, no sabe qué quiere hacer… Ni siquiera tiene una ligera vocación después de haber desarrollado tantas funciones diferentes en su vida, pero eso sí,  quiere ser autónoma.

Al escuchar esto, automáticamente brotaron en mi cerebro algunas palabras que no está bien que escriba por aquí, pero después, con más calma me cuestioné: ¿qué le hace pensar a una persona que cuenta con este background de insatisfacción profesional y sin una motivación clara, que trabajar por cuenta propia es mejor que trabajar por cuenta ajena? y ¿cualquier persona vale para ser autónomo?


Para responder a estas preguntas, me hice otra: ¿qué piensan los trabajadores por cuenta ajena sobre lo que significa ser autónomo? En seguida me llegaron las respuestas que yo misma daría si estuviera en ese lugar:

  • No tienes jefe
  • Decides cuándo trabajas (tu horario es flexible)
  • Si no quieres hacer un trabajo, no lo haces.
  • Eliges cuándo tomar tus vacaciones
  • Pones el precio a tu trabajo
  • Ganas más que si trabajaras para una empresa
  • Te autorrealizas haciendo lo que quieres

No tienes jefe

 

Sí lo tienes. Es tu cliente. Aunque no tengas un contrato formal escrito que te comprometa con alguien, ni tengas que reportar sobre lo que haces a otra persona, el que te paga el salario a fin de mes es tu jefe y si tu jefe no está contento, podrías no tener más trabajo.

Cabe añadir que no todas las personas valen para trabajar con iniciativa propia sin que alguien te dé pautas sobre los pasos que debes dar en tu trabajo diario.

Decides cuándo trabajas (tu horario es flexible)

 

Esta es una verdad a medias porque no siempre puedes trabajar cuando quieres. Normalmente trabajas cuando puedes y eso es distinto. He conocido a muchos profesionales autónomos, entre los que me incluyo, que en ocasiones trabajamos en fin de semana, por la noche, de madrugada, etc. Y eso, creo que en el 100% de los casos no es algo que queramos hacer. Es algo que sabemos que a veces tenemos que hacer.

Si no quieres hacer un trabajo, no lo haces

 

Otra idea discutible. Es verdad que yo he rechazado trabajos que no he querido o no he podido hacer por diversas razones, y esto es algo que normalmente no puedes hacer cuando trabajas por cuenta ajena. Aún así, dependiendo del volumen que se tenga de trabajo, en ocasiones tienes que aceptar trabajos que preferirías no hacer.

Eliges cuándo tomar tus vacaciones

 

Una vez más es difícil estar de acuerdo con esta declaración. Porque, a no ser que te sobre trabajo durante todo el año, los autónomos cogemos las vacaciones (si las cogemos) cuando menos dinero perdemos. Yo siempre digo que nuestras vacaciones valen por dos. Así, si coges 10 días de vacaciones, tienes 10 días de gastos extraordinarios + 10 días sin ingresos. Es como para pensarse muy bien cuándo escoger las fechas, ¿no?

Pones el precio a tu trabajo

 

Puede que esta sea la idea con la que puedo estar más de acuerdo. Sí, es cierto que en muchas ocasiones tú puedes decidir qué vale tu trabajo, pero dependerá mucho de los resultados que puedas garantizar, lo cual tiene mucho que ver con tu experiencia en la materia y tus años de “antigüedad”.  Aún así, siempre tienes que ceñirte a la horquilla que se maneja en el mercado y contar conque no siempre van a aceptar lo que pidas. La competencia es dura.

Ganas más que si trabajaras para una empresa

 

Creo que si esto fuera cierto, la mitad de los españoles seríamos autónomos. Comparar salarios entre trabajadores por cuenta ajena y por cuenta propia es muy difícil. Si pudiéramos comparar con facilidad los salarios brutos de ambos grupos, todavía tendríamos que tener en cuenta los pagos a la seguridad social, los gastos indirectos, las vacaciones, el IVA (en caso de que haya que declararlo), etc. 

No puedo hablar de datos concretos pero, sobre todo cuando llega el periodo vacacional, tengo la impresión de que los autónomos no cobramos más...

Te autorrealizas haciendo lo que quieres

 

Sí. Yo estoy de acuerdo con esto, pero no es el caso de todos los autónomos. No debemos olvidar que muchos/as tomaron este camino para enfrentarse a una situación laboral delicada y no siempre lo hicieron eligiendo su actividad profesional ideal. Aunque está genial perseguir tu vocación, muchas personas trabajan en lo que pueden.

Por último, a todas estas “bondades” de la condición de un freelancer hay que añadir un gran pero del que rara vez se habla: la soledad del autónomo. Pero, para no ponerme más dramática, dejaré este tema para otra ocasión, y además también aprovecharé para explicar porqué a muchas personas, a pesar de los pesares, nos encanta ser autónomas. Ya podéis adivinar que también tiene cosas muy buenas… :-)



martes, 7 de marzo de 2017

Cuando lo digital no supera a lo humano


Dicen que aprender con máquinas es el futuro, que un día no existirán profesores y que gestionaremos nosotros mismos nuestro aprendizaje. 

Paradójicamente, en la década del coaching algunos piensan que cambiar un tutor de carne y hueso por una plataforma web es “evolucionar”. Pero si evolucionar es desarrollar un cambio positivo, creo que hasta que una plataforma web no tenga inteligencia emocional, capacidad empática y de adaptación no podremos decir que lo digital supera a lo humano.


¿Puedes imaginar decirle a una plataforma: “mira, hoy tengo un mal día, no he dormido bien, pero no quiero perder la clase. ¿Te importa si tenemos una clase más ligera?”, o “oye, ya sé que hemos visto este tema varias veces, pero ¿podemos revisarlo de nuevo?, quiero hacerte algunas preguntas más”.

Y es que, la actual efervescencia de mentores, entrenadores personales, guías espirituales, coaches, etc. es muy probablemente la respuesta a un mundo que se está “digitalizando” demasiado rápido. Por eso, está naciendo la necesidad de tener una guía que nos devuelva a la realidad, que nos fije los pies al suelo y nos baje de la “nube”.

Es un error olvidar que las personas nos sentimos bien cuando aprendemos acompañados, cuando podemos hacer preguntas propias, cuando nos sentimos apoyados, motivados, escuchados, etc., y hasta donde yo sé, hoy día no hay máquina que pueda aportarnos esto.


sábado, 25 de febrero de 2017

4 claves para impartir clases on-line con éxito


Incluso si tienes mucha experiencia dando clases en persona, seguro que intuyes que dar clases de idiomas a través de internet tiene su complejidad y requiere preparación.

En particular, yo he detectado cuatro aspectos especialmente importantes para impartir clases on-line y obtener los resultados deseados. Estas 4 claves son los pasos previos antes de iniciar las sesiones

Por supuesto, hay otros aspectos a tener en cuenta durante el desarrollo de la clase y tras su finalización pero en este caso, vamos a empezar por la fase previa. Eso sí, el orden de las cuatro claves no es necesariamente el siguiente.



1.- Prueba la tecnología (y lo que no es tecnología)


Igual que si vas a clase, te aseguras de que hay pizarra y rotuladores que pintan bien o confirmas que cuentas con un sistema audiovisual que funciona (si es que vas a usar uno), cuando vas a dar una clase on-line debes asegurarte de que el medio con el que vas a trabajar no te va a dejar en la estacada.

Para esto, antes de la clase debes probar la tecnología con la que vayas a trabajar, y no me refiero únicamente a la velocidad de tu conexión, al rendimiento de tu ordenador o al volumen de los altavoces o auriculares, también debes asegurarte de que cualquier web que necesites utilizar, funciona correctamente. Bien sea para compartir contenidos con tu estudiante (DropBox, Google Drive, etc.) como para hacer uso de webs, vídeos, foros, etc.

Lo que te recomiendo es que hagas un listado previo sobre todo lo que debe funcionar antes de iniciar la clase. Si además, puedes hacer una prueba con tu estudiante (y de paso aprovechas para hacerle un pequeño test oral de nivel), sabrás enseguida si todo está preparado para echar a andar.


2.- Acuerda las condiciones


Este paso es especialmente importante si no quieres vivir una situación desagradable. Incluso si se trata del amigo de algún conocido, es conveniente fijar las condiciones de las clases y llegar a un acuerdo sobre estas.

En este punto debes pensar bien: cuánto tiempo dura la clase, qué vas a cobrar, qué incluye el precio de la clase (por ejemplo, ¿incluirá correcciones de textos o ejercicios entre sesión y sesión?), cuándo debe ser pagada y a través de qué medio.

Yo te recomiendo que esta parte la dejes por escrito y que te asegures de que tu alumno la comprende. Si es necesario, envíasela en español y en inglés.

3.- Prepara un buen material


Para que la clase tenga éxito y además nos resulte mucho más fácil implementarla, es muy recomendable trabajar con material de calidad que conozcas muy bien. Si eres autor/a del mismo, todavía mejor.

Este punto es, sin duda, uno de los aspectos que puede diferenciarte de tu competencia, y aunque al principio te quite mucho tiempo para otras cosas, a la larga habrá merecido la pena. Todo lo que hagas hoy podrás reutilizarlo más tarde.

4.- Utiliza un test de necesidades


Si tuviera que proponer un orden sobre estas cuatro claves, probablemente diría que esto es lo primero que hay que hacer: conocer al alumno que vas a tener al otro lado de la pantalla, antes siquiera de haber intercambiado dos palabras.

Para esto es bueno redactar un test con las preguntas necesarias para conocer las necesidades de tu alumno, sus objetivos, sus fortalezas, sus carencias, qué temas le interesan y cuáles no, etc. Intenta que no sea demasiado largo, ni difícil de completar. Se trata de obtener la información necesaria para facilitar tu tarea como profesor, adaptarte a tu estudiante y acercarte a sus objetivos. No olvides que al final, estos son los mismos que los tuyos.

Y después de todo esto, no olvides:

"El espíritu humano debe prevalecer sobre la tecnología"
Albert Einstein

sábado, 18 de febrero de 2017

¿Te arrepientes?

«¿Te arrepientes de algo?». He escuchado esta pregunta muchas veces en mi vida. No me la hacían a mí. Se la hacían a un cantante, a un político, a una escritora, a una actriz,… en una entrevista televisiva o en la prensa. La respuesta casi siempre es la misma: «No me arrepiento de nada. De todo se aprende».

A mí, cuando era jovencita, me parecía una respuesta positiva e inteligente. Está muy bien sacar el lado bueno de cualquier situación que nos presente la vida. Pero, con unos años más y después de analizarla con calma, creo que esta respuesta es incongruente.


¿No te arrepientes de nada? De verdad, si volvieras a nacer, ¿no harías nada diferente? ¿No cambiarías ni un minuto de tu vida? Si la respuesta sigue siendo «no», entonces no dejas espacio al aprendizaje. Porque, ¿qué sentido tiene cambiar algo si nada te mueve a hacerlo?

Vamos a sincerarnos. Si aprendemos de nuestros errores es porque nos gustaría no haber fallado y habríamos preferido comportarnos de otra forma y obtener otros resultados. Esto se llama arrepentimiento y el arrepentimiento es un sentimiento tan digno y humano como la alegría. No tiene ningún sentido ocultarlo, pues es un motor para el cambio.

Y no digo que haya que recrearse en nuestra aflicción. Sentirse repetidamente mal no conduce a nada, pero ignorar un sentimiento negativo no hace que desaparezca. Sin embargo, detectarlo, identificarlo y aprender a manejarlo para convertirlo en algo útil es una oportunidad de crecimiento personal. La forma de empezar a hacerlo es llamarlo por su nombre.

Por eso, al arrepentimiento hay que darle el lugar que se merece, hay que mirarlo a la cara y hay que decirle: «Voy a convertirte en algo bueno. Voy a aprender». Y no, no pasa nada si digo que me arrepiento. ¿Quién no lo ha hecho?

viernes, 10 de febrero de 2017

¿Por qué no es bueno trabajar gratis?

El otro día una amiga me dijo que conocía a una persona interesada en tener clases conmigo y que le iba a dar mis datos de contacto. Como es lógico, yo se lo agradecí y seguidamente le pedí detalles sobre esta persona en cuestión. Apenas me había dicho cuatro cosas sobre ella cuando añadió a su discurso algo como: “Bueno, la primera clase se la das gratis, ¿verdad?”. A lo que yo respondí rotunda con un simple no.

Ante la cara de asombro de mi amiga, quise reducir el momento de tensión preguntándole: “¿gratis?, ¿por qué?” a lo que ella me contestó: “porque todo el mundo lo hace”.

A mi amiga no le faltaba razón. Si haces una búsqueda en internet de profesores de idiomas en general y de español en particular, encontrarás rápidamente tropeles de empresas y personas ofreciendo primeras clases gratuitas, descuentos desorbitados a partir de la quinta clase, combos de clases con materiales a precios irriosorios y demás ofertas de mercadillo de saldos.

Mi pregunta es: ¿por qué?















¿A cuento de qué hay profesores trabajando gratis? ¿En qué están pensando estas empresas o profesores privados cuando ofrecen un trabajo de enseñanza sin una remuneración acorde?, ¿enseñan por amor al arte y luego juegan a la lotería para intentar completar su sueldo? ¿Por qué hacen esto?

Imagino que las personas que utilizan estas prácticas tratan de captar clientes sin darse cuenta de que están devaluando su trabajo y están devaluando su profesión.

¿Alguien se imagina decirle a un médico privado: “oiga, usted me atiende gratis la primera vez y luego, si me gusta, a la segunda ya le pago”? O, aún más denigrante, ¿a alguien se le pasaría por la cabeza contratar a alguien para que limpie su casa y decirle: “mira, la primera hora no la vas a cobrar, y luego a partir de la quinta, tu hora baja de precio”?

Seguro que tu respuesta a las dos preguntas anteriores es tan rotunda como el no que le di a mi amiga.

Por más que lo pienso, no encuentro una explicación lógica a esta tendencia. Primero, porque el cliente que paga una primera clase con un profesor desconocido no va a desembolsar miles de euros por esa clase. No está comprando un coche o una casa para toda la vida.

Habitualmente, arriesgamos muchísimo más dinero cuando reservamos un hotel, compramos un vuelo o encargamos ropa por internet, y nadie pide una muestra gratis.

Si consultamos internet podemos ver que el rango de precio por hora de un profesor de idiomas puede ir desde 9 euros (cuidadito con estos profesores) hasta 40 euros. El abanico es amplio pero ninguna de las cantidades que contiene me parece que puede justificar una hora gratis o un descuento por acumulación de clases.

Por otra parte, si observamos las ofertas de trabajo para los profesores de idiomas (en este caso de español) los requisitos mínimos suelen ser: ser nativo del idioma, poseer una licenciatura o grado y contar con un curso presencial de especialización en la enseñanza del español. Estos son 3 requisitos básicos. A partir de aquí, las exigencias pueden seguir aumentando: máster en enseñanza de ELE, graduado solo en Filología Hispánica, experiencia de 3 años, ser bilingüe de otra lengua, manejar las TICs, etc.

Conozco muchas profesiones en las que, cumpliendo uno solo de estos 3 requisitos, se podría empezar a trabajar sin problema.

Entonces, ¿por qué alguien que ha dedicado tiempo, esfuerzo y dinero en desarrollarse profesionalmente dentro de un área, decide regalar su tiempo?

Algunas posibles respuestas son:
  • El que realiza estas prácticas no se ha parado a pensar en lo que está haciendo
  • O tal vez no se considera suficientemente bueno como para encontrar su hueco en el mercado sin acudir a estas estratagemas
  • No valora su profesión
  • Realmente no ha dedicado ningún esfuerzo en llegar a ser profesor de una lengua y le parece justo malvender su trabajo

La primera herramienta de marketing de un profesor de idiomas para conseguir estudiantes debería ser su trabajo y los resultados obtenidos. Si el profesor es bueno, los alumnos estarán contentos y el trabajo llegará.

Si el profesor está empezando (todos hemos pasado por ello) es bueno ser honesto y ofrecer un precio acorde con la formación y experiencia, pero nunca será aconsejable regalar clases. No se le hace bien a la profesión y mucho menos a uno mismo, porque una clase gratis puede captar un cliente, pero no tiene porqué fidelizarlo.

Piénsalo en primera persona, si tuvieras necesidad o interés en aprender un idioma nuevo: ¿lo harías con un profesor del que solo sabes que te va a regalar la primera clase o que va a hacerte un precio especial después de la quinta?

martes, 7 de febrero de 2017

4 claves para comunicar errores sin causar desmotivación

Motivar es mover a la acción, y normalmente cuando queremos motivar a alguien pretendemos hacerlo en una dirección positiva, de esfuerzo, de trabajo o de aprendizaje. Hay muchas maneras de motivar a una persona, pero probablemente la que más peso tiene es la que se acomete por medio de la palabra.

Tanto a los profesores como a aquellos que tienen un equipo a su cargo nos interesa que las personas con las que trabajamos se sientan con ánimo, energía y con la seguridad de poder alcanzar sus metas, que también suelen ser las nuestras. Pero en ocasiones tenemos la necesidad de comunicar errores para que sean solucionados y en este punto nos encontramos ante la línea que separa la motivación de la desmotivación.

¿Cómo podemos comunicar un fallo sin provocar una bajada en el entusiasmo de nuestro interlocutor? Aunque la respuesta va a depender de muchos aspectos y algunos de ellos escapan a nuestro control (por ejemplo: una baja autoestima en nuestro interlocutor) respetando los siguientes 4 aspectos básicos, nuestro éxito en la comunicación de errores está casi garantizado.



Utiliza siempre un lenguaje positivo con una entonación adecuada

Un lenguaje positivo es aquel que contiene:

  •      Afirmaciones en lugar de negaciones: "Lo puedes hacer mejor", en vez de "no está bien"
  •      Palabras con carga emocional positiva: "El camino del éxito es..." y no "es una chapuza..."
  •      Preguntas en lugar de órdenes: "¿Se podría hacer así?" y no "hazlo así"

En cuanto a la entonación, cualquier información puede comunicarse de muchas formas por muy básico que sea su contenido. Refiriéndonos al mismo hecho podríamos decir:

    "Está lloviendo"
    "Qué bien que está lloviendo"
    "Otra vez lloviendo..."

Además de cambiar la estructura de estas oraciones también podríamos modificar su entonación. El resultado de las posibles combinaciones es amplio. Por ejemplo, podríamos decir "está lloviendo" con un tono neutro, o tal vez con ironía, pero también podríamos declarar "otra vez lloviendo" con alegría o con desesperación.

Las tres frases del ejemplo anterior tienen como objetivo comunicar un fenómeno meteorológico. Las tres formas son bastante parecidas y sin embargo podemos apreciar intenciones muy diferentes en función de la entonación que apliquemos. Por eso, cuando queramos comunicar un error, debemos cuidar la forma y la entonación. Ambas deben ser coherentes y positivas.

Pon la solución en las manos de tu oyente

Si trabajas con adultos, trátalos como tales. No conozco a nadie a quien le guste que le digan lo que tiene que hacer. Y cuando encuentro a alguien que está esperando a que le expliquen cómo desarrollar su trabajo, normalmente es porque no tiene o no ha tenido un buen jefe. Si quieres ser un buen jefe, responsabiliza y cede autonomía a las personas con las que trabajas. A la larga, te beneficiarás de ello.

La persona que comete un error es la persona que debe corregirlo. Si no sabe cómo hacerlo, está bien que pida ayuda y que reciba orientación, pero debe ser el responsable último de la corrección de su fallo.

De lo contrario, ¿qué pasa cuando una persona corrige el error de otra? Si corriges un fallo que tú no has cometido, lo más seguro es que pasen dos cosas:

  • Eliminarás una buena oportunidad de aprendizaje
  • Enviarás un mensaje muy negativo a tu colega o alumno que podría minar su autoestima, porque, ¿acaso no es capaz de hacerlo por sí mismo/a? 

Cualquiera de estas dos consecuencias podrían provocar una caída en la motivación.

Emplea el tiempo justo en la comunicación del error

Esta idea puede parecer una perogrullada, ¿lo es?

¿Qué pensarías si vas al médico por un dolor de cabeza y te dice que no es nada importante pero dedica 20 minutos a darte explicaciones sobre lo que te está pasando? ¿No terminarías por pensar que hay algo más que no te está contando? ¿Por qué tanto interés en un simple dolor de cabeza?

¿Y si fuera al revés? ¿Y si tuvieras un problema de salud muy importante y tu médico apenas dedicara tiempo a darte una explicación sobre lo que te sucede? ¿Qué pensarías de él? ¿Qué pensarías de tu problema?

Dedicarle el tiempo adecuado a la comunicación de un error puede ayudar a transmitir información de mucha utilidad que no debemos ignorar.

Elige el modo y lugar adecuados para comunicar el error

Especialmente, cuando estamos hablando de faltas graves es importante considerar la posibilidad de comunicarlas en persona y en privado.

En muchos contextos podríamos usar el fallo de una persona como situación de aprendizaje para otras. Pero, si lo que tenemos delante es un problema importante, es preferible hacer esta comunicación personalmente y sin testigos innecesarios. Si no lo hacemos así, podemos provocar un sentimiento de humillación que acabará desembocando en falta de confianza hacia nuestra persona.

¿Quién querría tener un jefe que te humilla? y ¿quién iría a trabajar con motivación si tuviera un jefe así?